Formación de costurera

Finalizada la escuela su abuela la envió a aprender costura. Allí aprendió, en un ambiente distendido, con la profesora Fermina, sobrina de su abuela, y en compañía de varias compañeras cuyos nombres recuerda. Enterada su abuela de que además de la cuota de veinte pesetas mensuales realizaba labores para la casa, la envió a otro costurero. Allí tenía un horario de tres de la tarde a diez de la noche, en un clima de devoción religiosa que contrastaba con el de la otra casa.

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